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LA ESTRUCTURA FAMILIAR EN VÍCTIMAS DE SECUESTRO EXTORSIVO
Con
base en los objetivos y análisis cualitativo de los resultados arrojados por la
presente investigación, se observa que las familias víctimas de secuestro
extorsivo de tipo económico, presentan en los primeros momentos del secuestro
una flexibilización en su estructura, en sus aspectos de fronteras, para
atender los asuntos del secuestro; ya que la familia transforma su estructura
anterior y se reorganiza para afrontar el período de crisis. En general, ésta
estructura, se caracteriza por la escasa distancia interpersonal entre los
subsistemas, cambio en los roles de algunos miembros de la familia y límites no
definidos. Esta estructura tiende a disiparse con el tiempo, pero las pautas de
interacción que se dan en el reordenamiento, en lo concerniente al manejo del
patrimonio familiar persisten en el transcurso del tiempo; así como las
alianzas sobreinvolucradas entre algunos subsistemas que tienden a generar
conflictos en el sistema familiar. La estructura de las familias que tienen un
miembro secuestrado hace cinco años en promedio, es funcional, ya que tiende a
buscar después de la crisis, un equilibrio sistémico que les permita seguir
desarrollándose intra y extrafamiliarmente. Por consiguiente, éstas familias,
como sistema compuesto por partes interdependientes, se encuentran organizadas
según pautas relacionales; caracterizadas por determinadas reglas y rutinas
operacionales, que definen la modalidad de relación recíproca entre las partes
subordinadas y, también, la manera en que influyen sobre el designio del
sistema global. Siguiendo un supuesto básico de la teoría de los sistemas, el
cual dice: Si el contexto estructural se altera, el carácter individual se
modifica; entonces, se observa como la ausencia del miembro secuestrado, hace
que se transforme la estructura del grupo familiar, alterándose, en
consonancia, las posiciones de los miembros de éstas familias. Estas familias
como sistemas abiertos en transformación, atraviesan por un cambio en su
estructura. En donde se observan modificaciones en cuanto a fronteras, alianzas,
coaliciones y jerarquía, las cuales van dirigidas al crecimiento y adaptación
del sistema en general. Sin embargo, estas familias tienen una tendencia marcada
a modificar sus patrones de relaciones, representadas en una gran cantidad de
alianzas sobreinvolucradas y, el cambio de roles entre los miembros del sistema.
Las familias víctimas del secuestro, inicialmente presentan fronteras difusas
al exterior, permitiendo la entrada indiscriminada de información, materia y
energía al sistema, entendida como consejos y asesoría dada por las
autoridades, amigos, videntes y miembros de grupos religiosos. Esto se da puesto
que, el secuestro genera impotencia en la familia y la empuja a buscar ayuda en
el medio externo, sobre el cual deposita su entera confianza para la
recuperación del miembro secuestrado; posteriormente y pasados cinco años,
ésta confianza se pierde, entonces se observa como la familia comienza a
discriminar la entrada de información y personas al sistema familiar, denotando
la presencia de fronteras abiertas. Por otra parte, en los últimos diez años
la población colombiana, por el incremento del delito del secuestro ha llegado
a tener un conocimiento de conceptos ó roles relacionados con el secuestro,
como el del "negociador" entendido como la persona que se encarga de
tramitar la liberación del secuestrado. Este conocimiento ha sido brindado por
las autoridades, las instituciones relacionadas con esta temática, y los medios
de comunicación. Por lo tanto se concluye, que esta información previa, afecta
la estructura familiar, en cuanto que a partir de esta, las familias en los
primeros momentos adoptan conductas acordes a la asesoria. El dinero en el
contexto del secuestro implica darle un valor no solo al secuestrado, sino al
afecto que tiene el familiar por este miembro. Esto genera un sentimiento de
culpa en la familia, especialmente en el negociador, cuando pasados varios
años, su familiar no regresa a casa, entonces siente que su afecto no fue suficiente para liberar al secuestrado. Es por esto, que en Colombia las
familias víctimas de secuestro extorsivo económico, suelen pagar rescate por
la persona secuestrada. El proceso de negociación también incrementa el
sentimiento de culpa en el negociador, puesto que éste, teniendo la
responsabilidad de liberar al secuestrado, se plantea una meta que queda
inconclusa; lo que hace que el negociador sea la persona que pasados cinco años
del secuestro aún guarde las Glorias de tener información sobre el
secuestrado. La manera como se organiza la familia es de vital importancia,
puesto que el negociador adquiere cierto poder ante el grupo familiar; y la
forma como se desarrollan los hechos brindan las pautas para el establecimiento
de nuevas relaciones. Esto es, que algunos miembros puedan estar de acuerdo con
las acciones y otros puedan criticarlas. Dentro de los cambios estructurales a
raíz del secuestro, se observa que hay una reorganización a fin de reasignar
las funciones de soporte económico que el miembro ausente desempeñaba para el
hogar, por lo tanto surge un miembro que remplaza las tareas del secuestrado.
Este suele ser un constante aliado del holón parental, lo que permite mantener
un equilibrio en el funcionamiento familiar, por el apoyo que brinda el padre
(por su posición jerárquica) a esta nueva organización. A su vez la persona
que asume el rol del miembro secuestrado, se convierte en un líder dentro del
sistema familiar, sosteniendo económicamente el hogar. Igualmente, se observa
que este miembro descarga toda su atención y afecto sobre su familia,
renunciando a sus relaciones de pareja. Teniendo en cuenta que el secuestro, es
un evento externo que desequilibra al núcleo familiar, se puede decir, que la
estructura descrita en el primer momento del secuestro, corresponde no sólo al
hecho mismo del secuestro; sino a la manipulación que hacen los secuestradores
encargados de extorsionar; quizás, por ser los que controlan los hechos,
manejan a su antojo, los estados anímicos de la familia, por consiguiente,
afectan su forma de relacionarse. Con el paso de los años, cada vez que se toca
el tema del secuestro en las familias, vuelve a surgir, esta estructura inicial.
Haciendo alusión a las etapas del duelo que menciona Luis Jaramillo, se puede
concluir que estas familias en su la mayoría, después de cinco años de estar
viviendo el secuestro de uno de sus miembros, se encuentran en la etapa de
Aceptación y Reorganización; donde aceptan la realidad e irreversibilidad de
la pérdida, dejando de buscar a la persona secuestrada y logrando adaptarse al
nuevo ambiente, en el cual falta aquello que se perdió. Sin embargo, algunos
miembros de la familia conservan la Gloria de su regreso, encontrándose en una
etapa anterior del duelo, como es la Rabia o Protesta; caracterizada por la
irritabilidad y frustración frente a la ausencia del secuestrado y por la
búsqueda de culpables por la desaparición de la persona. Por consiguiente, el
trabajo de campo y la revisión bibliográfica, permiten pensar que el proceso
de duelo, en algunos miembros, se da como un Duelo Suspendido. Ya que ante la
ausencia del cadáver del ser querido o, por desconocer su suerte, inician la
elaboración del duelo, el cual no se culmina con la Gloria de que en algún
momento aparezca con vida. Y solo el transcurso del tiempo se va convirtiendo en
la evidencia de su muerte o al menos en una certeza de que no regresará. Este
duelo interrumpido, dificulta la aceptación a la hora de reasignar las tareas
del miembro ausente, ya que esto es considerado una deslealtad frente a la
persona secuestrada. Pasados cinco años estas familias aún tratan de mantener
la voluntad del miembro secuestrado, conservando sus propiedades y haciéndolo
presente en la toma de decisiones que afectan al sistema familiar. A lo largo de
la investigación, se observó que todas las familias, después de cinco años,
hablaron fluidamente del secuestro como una forma de liberarse de un dolor que
permanece latente desde el inicio del secuestro; diferente a lo planteado por
Meluk (1998) donde las familias en los primeros momentos del secuestro evitan la
evocación de los sucesos propios de este. Sin embargo, las familias presentaron
resistencia para responder algunas preguntas tanto de la entrevista, como de la
encuesta, que estaban destinadas a indagar aspectos negativos (conflictos) al
interior del sistema familiar. Por otra parte, se puede concluir que el presente
estudio va a proporcionar el conocimiento de la estructura de familias víctimas
del secuestro extorsivo pasados cinco años, lo cual va a permitir que las
familias reflexionen sobre sus interacciones y la incidencia del secuestro en el
núcleo familiar. AUTORES: MARIA FERNANDA URIBE
MISDALIS TORRES
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Links
Bibliografía
Síndrome
de Estocolmo
DISEÑO DE PÁGINA: MARIA FERNANDA URIBE Friday, 14 de September de 2001 |